Hay coches que tienen un valor inestimable porque solo se construyeron poquísimas unidades. Otros que deben su suerte a su mecánica refinada. Otros que cuentan con un palmarés de excepción en las competiciones. Y luego está el Alfa Romeo 33 Stradale. Esta es su increíble historia.

El Alfa Romeo 33 Stradale es de esos coches en que los detalles de su motor, prestaciones, rendimiento en carretera, etcétera pasan a un segundo plano. Y no, precisamente, por ser pobres, ni mucho menos. Pero quedan abrigados ante la belleza excelsa de sus formas.

El 33 Stradale es en el automóvil lo que el Renacimiento en el Arte: es la definición más perfecta de la belleza. El canon que determina qué es bello y qué no. Un diseño, obra de Franco Scaglione, caracterizado por sus formas curvas que parecen rendir un homenaje a Praxíteles.

La increíble historia del Alfa Romeo 33 Stradale

La increíble historia del Alfa Romeo 33 Stradale
Solo se construyeron 18 unidades del Alfa Romeo 33 Stradale.

Una producción limitada a pocas unidades, una mecánica refinada y victorias en la pista. Todas estas características se combinan en un solo coche, armoniosamente amalgamadas, a las que se añade otra, normalmente subjetiva, pero en este caso reconocida por unanimidad: el Alfa Romeo 33 no es bonito, ¡es precioso! 

La belleza es siempre cuestionable, pertenece al campo de la subjetividad. Pero, en este caso, tenemos un ejemplo de belleza objetiva, esa que nadie puede discutir. Seguramente para todos, expertos y no profesionales, el 33 Stradale sea uno de los automóviles más bellos de todos los tiempos.

La increíble historia del Alfa Romeo 33 Stradale La increíble historia del Alfa Romeo 33 Stradale

Solo se construyeron 18 ejemplares del 33 Stradale y puede decirse que es uno de los pocos coches de carretera que nacieron al amparo de una versión de competición, el Tipo 33, heredando soluciones tecnológicas excelentes que, todavía hoy, 55 años después, siguen siendo sofisticadas.

Podríamos desglosar los excelentes datos técnicos, como los muchos cilindros, los muchos caballos, el peso contenido… Y, además, enumerar todas las victorias conseguidas por las distintas versiones de carrera, a partir del 12 de marzo de 1967, en Fléron (Bélgica), así como las copas ganadas, los trofeos, signos indelebles en la historia deportiva de Alfa Romeo.

Pero lo que es casi imposible de describir, en cambio, es su encanto cristalino, la quinta esencia de la belleza automovilística. El equilibrio de las formas, la esencialidad de las líneas, la elegancia de cada mínimo detalle.

No bastan las críticas y los ríos de tinta que se han derramado a lo largo de más de cinco décadas, ni las fotografías con las puertas abiertas en forma de mariposa, la mascarilla estilizada, pero perfecta, los exclusivos círculos o cada pequeño pero esencial detalle. Para apreciarlo y enamorarse inmediatamente de esta joya, hay que verla en vivo.

Un coche de carreras para la calle

Fue presentado en la víspera del Gran Premio de Monza de Fórmula 1 de 1967 como ejemplo perfecto del vínculo entre el mundo de las carreras y los coches de carretera.

Un vínculo confirmado por la presencia del Quadrifoglio, el trébol de cuatro hojas utilizado por primera vez por Ugo Sivocci en 1923 y que a partir de los años sesenta se convirtió en el símbolo oficial de los vehículos de Alfa Romeo con las mayores prestaciones deportivas.

Uno de los elementos más característicos del deportivo italiano eran sus puertas de apertura vertical, con una enorme superficie acristalada que se curvaba hacia el techo, creando una especie de cúpula, un efecto acentuado por el diseño del parabrisas panorámico.

La increíble historia del Alfa Romeo 33 Stradale La increíble historia del Alfa Romeo 33 Stradale

Por dentro era muy lujoso para ser un deportivo biplaza de esa época, todo el habitáculo estaba revestido de piel y tenía inserciones de metal pulido. Una característica eran los asientos, colocados en una posición muy baja para que los ocupantes no se chocaran con la cabeza contra el techo al cerrar las puertas.

Las dimensiones eran más contenidas de lo que podría parecer en las imágenes: medía 3,97 metros de largo y solo 99 centímetros. Su distancia entre ejes era de 2,35 metros.

La belleza inmortal del 33 Stradale, unido a la tecnología derivada directamente del Tipo 33, lo convirtieron en uno de los iconos más representativos de la marca del Biscione, un magnífico representante de una familia de automóviles nacidos para ganar.

10 años de victorias de los prototipos 33 Stradale

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El primer motor era un V8 en posición central, de 2.0 litros y 270 CV.

Las versiones de carrera del 33 Stradale cosechó numerosas victorias en la categoría de prototipos, que se resumen en cuatro ejes principales. Todo comenzó con el 33/2 Daytona, equipado con un V8 de 2.0 litros y 270 CV colocado en posición central. En 1968, logró ocupar los tres primeros puestos en las 24 Horas de Daytona y se hizo con el Campeonato del Mundo de la categoría.

A este le siguió el 33/3, con un V8 que pasa a ser de 3.0 litros y 400 CV que le valió para conseguir la victoria en ocho de las nueve carreras del World Sportscar Championship.

En 1973 apareció el espectacular 33 TT12, reemplazando el V8 por un V12 con cilindros contrapuestos y 3.0 litros, que producía 500 CV. Con este coche, Alfa Romeo enlazó tres años seguidos de victorias, que culminaron con el título de constructores en 1975.

El último prototipo fue el 33 SC12 de 12 cilindros, 2134 centímetros cúbicos y dos turbocompresores que elevaban la potencia hasta los 640 CV. Fue estrenado en Salzburgo en 1977, con Arturo Merzario al volante. La marca italiana no encontró rival en aquel campeonato, gracias al turbo.

“La belleza necesaria”

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El prototipo del 33 Stradale creado por Franco Scaglione.

Varios diseñadores de la época quisieron dar su particular visión del Proyecto 33: el primero fue Bertone en 1968, con el Alfa Romeo Carabo. Luego le siguieron el 33/2 Speciale de Pininfarina y el Iguana de Italdesign (Giugiaro), ambos en 1969, el spider Cuneo, en 1971, y el Navajo, en 1976.

Pero sobre todas destaca el ejemplar del prototipo, todavía obra de Scaglione, que allanó el camino para la llegada de la versión definitiva, anticipando de modo ejemplar su línea e identidad estilística.

El 33 Stradale es un modelo que se sigue poniendo como ejemplo para describir el perfecto equilibrio entre la mecánica sofisticada y el estilo que lo caracteriza, en una simbiosis que se puede resumir en una de las frases emblemáticas de la marca italiana: “La belleza necesaria”.

Álvaro Escobar