Jarro de agua fría a algunos fabricantes que piden replantear el fin de las emisiones: Bruselas solo acepta sentarse a escuchar
Pulso entre la Unión Europea y la industria automotriz. Piden replantear el fin de las emisiones, pero en Bruselas de momento solo están dispuestos a escuchar.2024 fue un año muy complicado para la industria automotriz europea. La irrupción de cada vez más fabricantes chinos con precios inferiores a la media del continente hizo restar competitividad a las marcas locales, que han visto, en su mayoría, cómo las ventas de coches han ido descendiendo en los últimos meses.
Y 2025 no parece que vaya a ser un año tranquilo. A este problema, que podría volverse aún más complicado si China toma represalias después de que la Comisión Europea pusiera en marcha los aranceles a las importaciones de coches eléctricos fabricados el país asiático, se une la cada vez más asfixiante carrera por el coche eléctrico.
El año pasado debía suponer un antes y un después para la movilidad eléctrica en el Viejo Continente. Pero las cifras de matriculaciones indicaron lo contrario: las ventas de este tipo de coches cayeron un 3% y hay países como España donde la penetración del coche eléctrico, con una cuota de mercado del 5,6%, está muy lejos de los niveles esperados.
Nuevos retos en 2025 para la industria automotriz europea
La llegada del nuevo año trae otro desafío para la industria del automóvil europea, la normativa CAFE (Clean Air For Europe). Esta normativa forma parte del Pacto Verde que se aprobó en 2020 y que fija una serie de medidas que llevarán a la Unión Europea a alcanzar la neutralidad en emisiones de CO2 para el año 2050.
Entre las medidas que contempla este pacto se incluye la famosa prohibición de vender coches nuevos con motor de combustión interna en Europa a partir de 2035. También la mencionada normativa CAFE, que ajusta aún más la media de emisiones de CO2 que cada fabricante debe cumplir para no enfrentarse a multas millonarias.
La normativa especifica que, a partir de enero de 2025, la media de emisiones europea bajaría de 115,1 gramos de CO2 por kilómetro a 93,6 g/km, lo que supone una reducción de algo más del 18%. Esto complica todavía más el panorama para los fabricantes de coches en Europa, que deben situar la media de emisiones de todos sus vehículos comercializados por debajo de esos 93,6 g/km.
De no lograrlo, Europa multará a los fabricados con 95 euros por cada gramo de CO2 y cada coche que exceda ese límite de emisiones. El resultado de incumplir la normativa son multas millonarias que los fabricantes no pueden ni quieren pagar.
Carta abierta de ACEA a la Unión Europea
Ante esta situación, la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) a través de su presidente, el también CEO de Mercedes Olla Källenius, ha escrito una carta abierta dirigida “a los líderes de la Unión Europea” en la que pide que estos objetivos de descarbonización sean replanteados para salvaguardar los intereses de la industria automotriz europea.
Källenius pide a Europa que la descarbonización del sector automotriz sea impulsada por el mercado y no por sanciones millonarias, animando a los dirigentes a encontrar soluciones que ayuden a alcanzar estos objetivos.
También pide “crear un marco regulador que mejore la competitividad de las industrias europeas” y que se promuevan “nuevos enfoques para crear relaciones comerciales a nivel mundial y mutuamente beneficiosos para que la UE siga beneficiándose de un comercio libre y justo”.
El máximo responsable de ACEA pide que el Pacto Verde esté “sujeto a una comprobación de la realidad y un reajuste para hacerlo menos rígido, más flexible y convertir la descarbonización de la industria automotriz en un modelo de negocio verde y rentable”.
Además, recuerda que “la industria automovilística de la UE sigue comprometida con el objetivo de neutralidad climática de la UE para 2050, así como con el cambio al transporte y la movilidad de cero emisiones”.
Bruselas acepta sentarse a escuchar al sector del automóvil
Por su parte, desde Bruselas han manifestado su intención de activar “un diálogo estratégico con la industria automovilística europea, los interlocutores sociales y otras partes interesadas” a partir del 30 de enero con el objetivo de “salvaguardar el futuro de un sector vital para la prosperidad europea, al tiempo que avanzada en sus objetivos climáticos y sociales”.
Queda por ver si la industria del automóvil y Bruselas alcanzan algún tipo de acuerdo para favorecer la transición hacia el automóvil eléctrico sin recurrir a sanciones millonarias como las establecidas por la normativa CAFE.
Aarón Pérez